Clemente
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Clemente en la TV

 

Clemente nace en el año 1973. En sus principios acompañaba al motorman de tranvía Bartolo (aunque sería mejor decir motor man de tramway o, según Clemente, de trangüei). No era exactamente un pájaro,pero podía volar. Aunque no tenía alas, ni brazos. En esas primeras aventuras. el tranvía se movía como loco, volaba, se achicaba o se agrandaba. Y sobre todo había nostalgia. Después el Clemente (especie ignota) crecería, perdería el pico pero no las mañas.
Se haría más adulto, más canchero- Y sólo de vez en cuando volvería a visitar los zócalos de la nostalgia barrial, aquí tan claros.

 

Los muchos Clementes


LAS ACEITUNAS

¿Qué come un Clemente? A veces cosas repugnantes, como moscas, por dar un ejemplo. Pero por lo general elige una opción verde, sabrosa, hasta elegante: las aceitunas. Aunque, desde luego, las aceitunas para Clementes no son comunes: hablan, escapan, resbalan, incluso se suicidan o, más parecidas aún a los humanos, amenazan con suicidarse. Sencillamente para evitar la muerte por ingestión clementicia.



MIMÍ Y LA MULATONA

En un principio fueron aves, palomas, seres comunes y de sexo femenino. Pero pronto llegó Mimí. Fue duro, para una canaria de crianza como ella, soportar a un hincha de Boca, a veces con pulgas, que a la vez le derretía el corazón a romanticismo puro. El problema se presentó cuando apareció la Mulatona. Un nuevo ser polentón y amorenado, pleno de ritmo, que a fuerza de contoneo y desencadenamiento automático de terremotos cardíacos y corporales, desalojó a la fina mujer aristocrática.
Todo un símbolo del cambio sociopolítico.


EL PSICOANÁLISIS

Hay formas y formas de acostarse. La más cara es tenderse sobre un diván, junto a un hombre serio que, según dicen, sabe más que el acostado sobre la muerte, el amor, el sexo, las dudas y las manías. Cuando fue al "psicoanalista" Clemente lo hizo a su manera: estableció en tiempo récord que las cosas no habían cambiado para él, fue liberado por un triunfo boquense y al fin cumplió el sueño de todo paciente: pasar del diván al sillón del poder.


EL FÚTBOL

Como todo hombre, como todo personaje, Clemente tiene un "sueño del pibe".
Jugar en Boca, ante todo, y en el Seleccionado, en segundo término.
Alucinó una y otra vez el triunfo, ser la pieza clave de un partido. También alucinó el fracaso, los goles en contra, el papelón. Y se dio un gusto mayúsculo fuera de la tira, en la realidad, cuando emprendió la "guerra de los papelitos" en pleno intento de fabricar una "Argentina civilizada y correcta", en el ´78.
Aquí se limita a vivir sus momentos personales, íntimos de contacto con el balón, el esférico. el balompié.



EL DIBUJO Y LAS PALABRAS

Al fin una zona donde los personsajes retroceden para dejar un poco de espacio al Creador. Como es obvio, en una historieta Dios es el dibujante.
Que aquí se da el gusto por una parte de provocarle conflictos de identidad a sus personajes, y por otra, de estirarlos, engordarlos, o iluminarlos al estilo "spaghetti western".
Otra historia son las palabras. Ahí los que juegan son Clemente, Bartolo, Jacinto. Un rápido peloteo de inglés, francés, tilingadas varias y diferencias de jerga generacional.


JACINTO

No es fácil ser hijo de un personaje de historieta. Se nace, por ejemplo, de una aceituna (verde, lujuriosa, atractiva). Se nace sentado y con chupete. Después hay que bancar al progenitor: que busca un nombre, que adora al vástago, que es anticuado, que tiene baches sentimentales. Como todo hijo, una vez que tuvo nombre, Jacinto sintió cierta piedad por Clemente padre. Y ejerció con la regularidad de un metrónomo la venganza biológica automática: hacer "¡Psss!", sonriendo, y mojar.


LOS MUCHOS CLEMENTES

Una vez establecido su perfil simple, básico, Clemente no sólo tuvo un doble, sino también un triple, un cuádruple, y así hasta el infinito. Basta ver una hinchada o el público del Clem's Clú para advertir que su multiplicación es constante. Le crecen alas en las sienes y se convierte en el soñador y libre Clemente alado. Se le agranda el cuerpo y adquiere el perfil de un Clementosaurio cariñoso hasta la molestia. El Apuntador es todavía más complejo: más que un cuerpo, es un susurro, y hasta un susurro materno. Por no hablar del Otro Yo, del Alter Ego, del Ello, del Superyó...


PULGAS Y HORMIGUITIS

En Clemente, los bichos son muy conservadores. Un par de pulgas -madre e hija- lo confunden con un perro y hablan, hablan, hablan, hablan sobre su lomo. Es una historia que incluye su capítulo de amor, y hasta un viaje a París por parte de las pulgas.
Las "hormiguitis", por su parte, se mueven colectivamente. Son, a grosso modo, una sociedad completa, con militares, trabajadores y ladrones. Tienen la manía enfermiza y contagiosa de meterle la "i" a todo, y con su pequeñez invitan al arranque violento, para terminar una discusión, simplemente alborotando el hormiguero de un puntapié.


DOLÍNADES, TARZÁN Y CLEMENTINA

Aparte del elenco estable, Clemente está poblado por una vasta cantidad de personajes no por secundarios menos importantes. Como el filósofo Dolínades, que se dice de Grecia pero argumenta como un porteño de ley. O un doble Tarzán, el primero gordo y el segundo flaco y ecologista, que cruzaron la tira de liana en liana. Clementina, en cambio, es de la familia. Nació de un huevo de Mimí, pero parecía hija de la Mulatona. Tal vez por transferencia biológica del inconsciente cleméntico. Despertó, desde luego, el odio de su hermano Jacinto, discutió con él en jerga adolescente, y después se perdió en el horizante.


EL MUNDO DE LA SÍNTESIS

Solo o acompañado, Clemente visitó varias veces un mundo donde su personaje se reduce a la mínima expresión, al igual que los autos, otros personajes, las señales de tránsito, o las míticas aceitunas. Allí, le bastaba ponerse de frente para quedar reducido a una raya vertical. En el perfil de la Mulatona, ni siquiera la síntesis del Mundo de la Síntesis pudo privarla de sus tremendos atributos.


ASTROLOGÍA Y OTRAS YERBAS

El filósofo y positivista Mario Bunge se hizo famoso fuera de los ámbitos que suele frecuentar cuando sostuvo que el psicoanálisis era tan poco científico y tan trucho como la astrología. El inefable Clemente lo descubrió mucho antes, cuando decidió consultar a un especialista en los astros y le descubrió un aspecto demasiado semejante al flaco, barbudo y simpático "piscoanalista" de otros tiempos. Como el hombre estaba en cualquiera, además le leyó las cartas y le hizo el horóscopo chino.


CARAMELOS SURTIDOS

Un final a toda orquesta, para enhebrar no todas pero sí muchas de las zonas que cruzó Clemente en 23 años. Desde un guapo que reconstruye a la viejita tanguera hasta un Clemente antiguo que cuenta cómo eran los viejos chistes. Desde un Clemente bruscamente cargado de manos y brazos, hasta un año escolar donde supo al fin la verdad sobre el eterno Jaimito. Desde un estribillo absurdo (¡Laverdícofenco!) hasta un salvavidas con cara de pato que exige sin pausa ir de vacaciones.

 

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